viernes, 3 de abril de 2009

Pablo Lorente habla del premio en el Heraldo


El primer galardón del V Premio de Poesía Delegación del Gobierno-Cajaón recayó en el libro `Immanere´, de Francisco Javier Sanz Becerril, que ganó en 1985 el Premio de Poesía Ciudad de Zaragoza con `Palabras que no amor´. El poemario de Sanz se distribuye en cuatro partes, cada una de ellas titulada en torno al verbo latino maneo, que como el título del libro, hace referencia a “permanecer”. Es una obra que juega con el lector a través de la idea expresada en el título, pues todo se mueve alrededor de lo que permanece y desaparece, la vida y la muerte junto con algún leve toque de humor. La primera parte del libro, se construye en torno a breves poemas y al aforismo, se trata sobre todo la muerte, o más bien el análisis intelectual sobre ella: “Espero a este lado de la vida, / al otro lado de la muerte”.
En la segunda parte aparece el tema del silencio, tratado en el poema “Otras Venecias”, lugar no casual; podemos ver también un poema en inglés, lo que junto a otras características del libro lo hace un tanto posmoderno. En las otras partes, la lectura se hace más compleja; los temas no varían, pero sí el estilo. Aparecen poemas más extensos y textos de prosa poética; en estos poemas más desarrollados, podemos observar el oficio del autor en la elección de términos, la combinación de imágenes y la aparición de figuras retóricas.
El primer accésit fue para Fernando Sarría con `El Alhaquín´. Sarría ha escogido la palabra alhaquín para enmarcar perfectamente su libro; esta palabra significa “tejedor”, y esa ha sido la labor del poeta en la construcción del poemario. Construir con breves poemas –el máximo de seis versos- como si fueran filamentos, un gran tapiz plagado de soledad, silencio y desconocimiento (“Cada vez es más difícil encontrar las verdades ocultas, / todos se sirven de la palabra como símbolo de libertad, / mientras el silencio sabe y calla.”).
Al cerrar el libro y tomar perspectiva, podremos contemplar un tapiz que mostraría una escena rodeada de muchas a la vez, y que sería una explicación de la nostalgia: “Puede ser la última mujer de mi vida, / pero quizás tengas todavía el poder / de recordarme a la primera”.
Sarría continúa el proceso ya comenzado en su anterior obra, explorando los últimos rincones del alma y del recuerdo, a través, fundamentalmente, del tema del amor y en mayor medida, del desamor, que es ya a estas alturas, uno de los grandes ideales de la poesía contemporánea.
El segundo accésit lo ganó Almudena Vidorreta con el libro Algunos hombres insaciables. “Caerá la desgracia sobre todos ellos como cae la lluvia / y no cesará la venganza y la cólera en ese tiempo”. En este tono apocalíptico transcurre el poemario de Vidorreta. El título nos remite a una especie de hombres casi mitológicos que por fortuna, nada tiene que ver con lo sexual, estigma de la poesía supuestamente femenina. Distribuido en tres partes, a través de poemas extensos, se nos narra la casi total desaparición de la especie humana por la lluvia, el polvo y la alergia, quizá trasfondo de los problemas de nuestra sociedad. Hay en los poemas un tono muy logrado que se mantiene a lo largo de toda la obra, al igual que su intensidad, que poco a poco se amplía y se enriquece en matices. El fin de la humanidad para dar paso a otra diferente, es el telón de fondo, el amor, la palabra y la búsqueda de la identidad encuentran también su espacio.

PABLO LORENTE


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