Porque tuvisteis la ocasión de ser salvados
y os amamos por encima de todas las cosas.
Nuestras madres y las madres de nuestras madres
se llenaron los bolsillos de piedras
y se lanzaron a un riachuelo de aguas inmundas
como Ofelia o Virginia reencarnadas o encarnadas por primera vez.
Era preciso porque así estaba escrito:
Tú, que eras el único y el último hombre,
tenías que morir arrastrado, dejándote llevar por la corriente
con el alma llena de piedras y las manos vacías
y gritando mientras te ahogabas que tienes algo, que tenías algo,
acaso fuera el aire en la boca, tempestades y vientos del este,
todo el aire que me faltó a mí para respirar
y seguir viviendo a la expectativa.
Soy yo, soy una
y soy todas las mujeres,
y te hablo a ti,
que eres uno y todos los hombres:
No compartiremos de nuevo jamás
ni una sola gota de rocío.
De su libro "Algunos hombres insaciables"
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