Me gusta meter mis dedos
por debajo de tu ropa interior,
tensar la tela
y hacer estremecer tu piel tibia.
Duermes y mis manos se reposan en tu vientre.
Cerco tu sexo y mis yemas se sujetan a tu cuerpo
con la suavidad de una mirada.
.......
Puedes ser la última mujer de mi vida,
pero quizás tengas todavía el poder
de recordarme a la primera.
........
Mañana te habrás ido en un tren nocturno
pero ya sé de los olvidos tantas cosas
que nunca temo a las estaciones intermedias.
La impotencia..., la resignación...
ResponderEliminarA todo nos acostumbramos, aunque no creo que siempre sea bueno.
Pero vale más vivir esos momentos, aunque sean efímeros, a no vivir nada.
Min mejores deseos para el Alhaquín, ya le tengo cariño, como a las "equivocadas" hormigas.
Un beso.
Espectacular, hay veces que tus versos se clavan en mi carne, y éste me salió al paso mientras trato de ponerme al día de tanta actividad.
ResponderEliminarBesos, Fernando.